Haruka KOSAKA: Japón enamorado de Chopin

Japón enamorado de Chopin

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Haruka KOSAKA

Ryc. Fabien CLAIREFOND

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«Seguro es que el Concurso Chopin tiene para los japoneses un significado especial. Es difícil que no te encante algo que amas. Y amar a Chopin es simplemente algo estupendo. El hecho de que los japoneses son la segunda nación después de la polaca que más ama a Chopin, creo que eso lo sienten también los polacos mismos», escribe Haruka KOSAKA

«Con el paso de tiempo el Concurso Chopin estaba adquiriendo el carácter cada vez más internacional. El hecho de que las piezas de Chopin se tocan no solo en Polonia, sino en todo el mundo, aún fortaleció más esa tendencia». Esas palabras pronunció al regresar a su país Susumu Nagai, el primer japonés que formó parte del jurado del Concurso Chopin. Fue la 8.a edición del evento en 1970. Entonces fue cuando Mitsuko Uchida fue el segundo premio del concurso.

Nagai añadió que aunque los japoneses pueden tener ciertas dificultades con interiorizar ciertas costumbres europeas, sienten perfectamente qué significa «llorar con el corazón y reírse con la cara», lo que es tan importante en la música de Chopin. Por eso deberían tener grandes expectativas en el futuro.

«¿Qué es la interpretación verdaderamente chopiniana? –continuaba su discurso Nagai– Junto con la llegada de la internacionalización entender la interpretación musical se volverá más común y los japoneses tendrán un gran potencial para expresar la esencia de la música de Chopin». Esa cuestión en el círculo de pianistas en Japón es planteada de hace más de medio siglo y discutida constantemente de nuevo.

Los japoneses por primera vez estuvieron entre los participantes del Concurso Chopin en 1937, en su tercera edición. Japón fue representado por Miwa Kai que pasó la infancia en los Estados Unidos y Chieko Hara que desde sus 13 años estudió en Francia. Ambas desde su temprana infancia tenían relaciones con la cultura occidental. Especialmente Chieko Hara fue valorada altamente por el público y los críticos, y cuando fueron anunciados los resultados del concurso –finalmente llegó al 15.o lugar– «el público protestó de forma decidida que el resultado era injusto. Había tanto revuelo que al finar llamaron la policía». Así por lo menos lo relató uno de los diarios japoneses. Al final, a Chieko Kara le fue otorgado un premio especial.

La primera Japonesa que ganó el premio reglamentario fue Kiyoko Tanaka. Ganó el 10.o lugar en la 5.a edición del concurso en 1955. Ella también dio una gran impresión al público e incluso en los años posteriores, cuando los japoneses iban al concurso, con frecuencia se les repetía: «Tanaka fue excelente». Y la misma pianista recuerda que aunque Polonia estuvo en una situación económica difícil, «el país parecía entregado al arte y yo realmente tenía envidia por ello a los polacos».

En 1965, un año después de la olimpiada en Tokio, Hiroko Nakamura fue el 4.o premio en el 7.o Concurso Chopin. En los medios de comunicación japoneses celebraban eufóricamente el logro de la pianista que mucho antes llamó la atención de la gente como un niño prodigio. Después del éxito en Varsovia Nakamura se volvió una estrella nacional como «la japonesa de la clase mundial». Al mismo tiempo, el Concurso Chopin gozaba de cada vez mayor estima en Japón.

Como fue mencionado arriba, al 7.o concurso por primera vez fue invitado a formar parte del jurado un japonés. En aquellos tiempos cada vez más japoneses llegaban al concurso para escuchar en Varsovia, en persona, a los pianistas que estaban compitiendo. Fue el periodo de un alto crecimiento económico y los viajes al extranjero se convirtieron –por lo menos para los japoneses– mucho más fáciles. También fue la época cuando las empresas YAMAHA y KAWAI hicieron grandes avances en el campo de la producción de pianos y organizar conservatorios. Empezó un particular boom de pianos japonés.

En la 8.a edición Ikuku Endo, quien participó en el concurso por segunda vez, fue el 8.premio. Mitsuko Uchida, segundo premio, en aquel entonces tenía 21 años y era estudiante universitaria del conservatorio en Viena donde vivía desde hace mucho tiempo. A la edad de 12 años salió de Europa por el trabajo del padre que era un diplomático. Después del concurso estaba explicando a un crítico japonés que le aconsejaba el regreso a Japón que quería quedarse en Europa para seguir estudiando, desarrollándose y crear su propia música. Al final, Uchida eligió Londres como su base. A la fecha sigue siendo una de las mejores pianistas del mundo.

Desde el éxito de Uchida, en todas las ediciones del concurso vemos apellidos japoneses entre los jurados. En 1975 al jurado del 9.o Concurso Chopin fue invitada Akiko Iguchi. Sigue creciendo el número de participantes japoneses.

En la 10.a edición, en 1980, Kazuko Yasukawa fue miembro del jurado. Galardonada fue entonces Akiko Ebi quien compartió el quinto premio con Ewa Pobłocka. Ambas, como en la 17.a edición, serán juradas del Concurso Chopin 2021.

En el 11.o concurso en 1985 participó el mayor número de participantes japoneses: 26 del total de 124. Diez de ellos calificaron para la segunda etapa y el jurado Takahiro Sonoda dijo: «La gente alrededor de mí me decía, sin cumplidos, que no esperaban que el nivel de los japoneses era tan alto». Al final, el cuarto premio fue Michie Koyama. A la fecha es la única japonesa que ganó premios tanto en el Concurso Chaikovski como Concurso Chopin. También fue miembro del 16.o concurso en 2010 que tuvo lugar en 200.o aniversario del nacimiento de Chopin.

Un caso especial es el ganador del concurso de 1985 Stanisław Bunin. Su presencia frecuente en Japón impactó de forma importante el mercado de música japonés: un programa documental de apenas 45 minutos emitido por la televisión NHK causó un gran interés por Bunin, cierta «buninomanía».

No había que esperar mucho sus efectos.

En 1990 a la 12.a edición llegó un grupo numeroso de los oyentes japoneses. Se dice que 260 de 1070 sillas en la sala de la Filarmónica Nacional fueron ocupadas por los japoneses. En aquel tiempo la economía japonesa seguía en auge. En un artículo que relataba esa situación se puede leer que los japoneses se sentían incluso tristes que muchos polacos amantes de música no pudieron comprar las entradas, ya que fueron compradas por los visitantes de Asia. Más adelante leemos que quizá como efecto del descontento del público polaco, independientemente de lo bueno que fuera la interpretación de los japoneses, el aplauso era moderado.

Volvemos al tema de los jurados y participantes. En la edición de 1990 en el jurado estuvieron Kazuko Yasukawa y Hiroko Nakamura. En esa edición los concursantes japoneses obtuvieron altas calificaciones: a la tercera etapa llegaron siete del total de quince. Uno de los periódicos polacos comentó: «Siete samuráis –un montón de japoneses. ¿Adónde se fueron los polacos?». Frente a la falta de un candidato polaco, el público polaco ponía sus esperanzas en Takako Takahashi que estudiaba entonces en Varsovia. Al final, llegó al quinto lugar, Yukio Yokoyama fue el tercer premio. Fue el primer caso en la historia del concurso cuando nadie fue galardonado con el premio principal, lo que por supuesto causó gran indignación.

En 1995 Hitoshi Kobayashi y Hiroko Nakamura formaron parte del jurado del 13.o concurso. Esa vez el concurso también terminó con un resultado chocante: falta del primer premio. El quinto premio ganó Rika Miyatani.

En 2000 en el 14.o concurso formaron parte del jurado Hiroko Nakamura y Ikuko Endo. Después de dos ediciones sin primer premio ganó Li Yundi de China y Mika Sato de Japón llegó al sexto lugar. Después de las deliberaciones del jurado, Hiroko Nakamura dijo que los participantes chinos sienten hambre de éxito, mientras que «Japón tiene muchos pianistas, pero quizá esa abundancia causó que dejó de tener afán de ganar». Sobre esa observación vale la pena reflexionar.

En el 15.o concurso, en 2005, dos japoneses Shohei Sekimoto y Takashi Yamamoto compartieron el cuarto premio. Especialmente la popularidad de Yamamoto, que en aquel entonces estudiaba en Varsovia, cada vez crecía más cuando llegaba a siguientes etapas. Nobuyuki Tsujii, aunque no llegó a la final, ganó el Premio de los Críticos.

Nakamura, que fue famosa por su prudencia, formó parte del Concurso Chopin en cuatro ocasiones. En las reuniones del jurado intercambiaba las opiniones con los mejores pedagogos y pianistas del mundo, analizaba acertadamente lo que había visto y oído, como también hacía muchas sugerencias al círculo de pianistas japonés.

En un artículo publicado en 1970 cuando Mitsuko Uchida fue el segundo premio, un crítico japonés comentó: «Me halagaban diciendo que un japonés iba a ser el próximo ganador, pero pienso que es media verdad». Sin embargo, ese segundo premio sigue siendo el logro más grande de los japoneses.

Y aunque casi en todas ocasiones desde la 7.a edición se podían encontrar los apellidos japoneses entre los primeros seis lugares, no hubo ganadores japoneses ni en la 16.a edición de 2010, ni en la 17.a de 2015. ¿Cuál es la causa de ello? ¿O tal vez es solo casualidad? Se intercambian distintas opiniones, de los análisis tranquilos, hasta las especulaciones vivas.

Lo seguro es que el Concurso Chopin tiene para los japoneses un significado especial. Uno puede burlarse de él, pero eso no tiene mayor importancia. Al final es difícil que no te encante algo que amas. Y amar a Chopin es simplemente algo estupendo. El hecho de que los japoneses son la segunda nación después de la polaca que más ama a Chopin, creo que eso lo sienten también los polacos mismos.

Mirando para atrás, me di cuenta de qué asombroso es el hecho de que ese fervor en Japón se ha mantenido durante más de medio siglo. Eso seguramente no cambiará y en el futuro los japoneses seguirán enamorados de Chopin y del Concurso Chopin.

Haruka Kosaka

Material protegido por los derechos de autor. Queda prohibida su distribución salvo permiso explícito de la editorial. 11/01/2022