Karol NAWROCKI: Las sendas de las espreanza polaca

Las sendas de las espreanza polaca

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Karol NAWROCKI

Presidente del Instituto de la Memoria Nacional.

Ryc. Fabien Clairefond

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La Segunda Guerra Mundial dispersó a los polacos por varios continentes. Soldados y civiles recorrieron cientos de kilómetros en la Unión Soviética, Oriente Medio y Europa occidental. Caminaron con la esperanza de volver a un país libre.

.Caballos caídos, coches abandonados, largas columnas de refugiados con maletas y fardos. En septiembre de 1939, las carreteras polacas fueron testigos mudos del drama de los primeros días de la Segunda Guerra Mundial. Además del ejército, que a pesar de su heroica defensa tuvo que retroceder ante el poder de la Wehrmacht, hubo miles de civiles que se desplazaron por todo el país, abandonando sus hogares para ponerse a salvo. Al principio, esta corriente humana fluía hacia el este, allí donde aún no había alemanes. La situación cambió radicalmente después del 17 de septiembre, cuando el Ejército Rojo ocupó la parte oriental de Polonia. Muchos soldados y funcionarios todavía se las arreglaban para cruzar la frontera rumana o húngara, o, más raramente, la lituana o la letona. Esto ofrecía la posibilidad de pasar al Oeste para continuar la lucha contra los alemanes. Fue allí, en la Francia aliada y, tras su colapso, en Gran Bretaña, donde se instaló el gobierno polaco en el exilio. El cargo de Primer Ministro fue asumido por el general Władysław Sikorski, quien se convirtió también en Comandante en Jefe y se dedicó a reconstruir el ejército en suelo extranjero.

De Siberia a Monte Cassino

.Los últimos combates regulares en Polonia cesaron en octubre de 1939. Pero las oleadas de civiles siguieron fluyendo. Algunos se trasladaban desde las zonas de ocupación alemana a zonas controladas por los soviéticos para reunirse con sus familias. Otros, muchos de ellos judíos, vieron mejoradas sus posibilidades de supervivencia escapando al este. Sin embargo, incluso allí la población estaba expuesta a la represión. En el período de 1940-1941, en cuatro grandes campañas de deportación, unos 315 000 polacos fueron deportados a lo más profundo de la URSS: a Siberia, a las estepas de Kazajistán y a otras regiones lejanas. Las duras condiciones durante el transporte y posteriormente en los lugares de destierro provocaron una elevada tasa de mortalidad.

La esperanza para los que aún sobrevivían germinó después de que la Alemania nazi invadiera la URSS en junio de 1941. Ante la rápida ofensiva de la Wehrmacht, el líder soviético Iósif Stalin revisó su política hacia los polacos. Las autoridades de Moscú retomaron las relaciones diplomáticas con el gobierno de Polonia con quien celebraron un acuerdo militar. En este acuerdo se estipulaba que “en el menor tiempo posible” se formaría un ejército polaco en la URSS, subordinado organizativamente a Sikorski como Comandante en Jefe y que lucharía junto al Ejército Rojo contra Alemania. Este ejército fue reforzado por polacos que fueron liberados de prisiones, campos de concentración y zonas de deportación, entre otros. El general Władysław Anders, nombrado comandante del ejército polaco en la URSS, también había sufrido casi dos años de encierro en las prisiones soviéticas.

El incipiente ejército carecía de todo: armas, alimentos, ropa. Lo único que no faltaba era el espíritu de combate. “Por primera y, Dios lo quiera, última vez en mi vida recibí un desfile de soldados sin botas – recordaba Anders más tarde. – Insistían en que querían marchar. Querían demostrar a los bolcheviques que eran capaces, con sus pies desnudos y heridos, de iniciar su marcha militar hacia Polonia”.

En la primavera de 1942, los soldados de Anders continuaban estando desnutridos y mal equipados y, para colmo, atormentados por las epidemias. De acuerdo con las autoridades soviéticas, se tomó la decisión de evacuar de la URSS primero a una parte, y más tarde a todo el ejército polaco y a los civiles que permanecían con ellos. La población civil, prácticamente 38 000 personas, entre ellas casi 9000 niños, encontró entonces refugio en cuatro continentes: África Oriental, India, México y Nueva Zelanda, entre otros lugares. Casi 80 000 soldados fueron evacuados. Recorrieron un largo camino a través de Persia, Irak, Palestina y Egipto. Finalmente, llegaron a Italia, donde, como 2.o Cuerpo Polaco fueron reconocidos por haber capturado Monte Cassino, Ancona y Bolonia. El famoso general de los EE.UU., George S. Patton, señaló tras reunirse con Anders que las tropas polacas “constituyen las mejores tropas”, entre las que había visto, “incluidas las británicas y las estadounidenses”.

Por la propia libertad y la del mundo

.Mientras el 2.o Cuerpo Polaco libraba feroces batallas en Italia, otra gloriosa ruta, a través de Francia, Bélgica, los Países Bajos, hasta Wilhelmshaven en Alemania, era seguida por la 1.a División Acorazada del general Stanisław Maczek.

Los soldados de las Fuerzas Armadas Polacas (en el momento álgido de la guerra era un ejército formado por casi doscientas mil personas) también desempeñaron un papel importante en muchos otros frentes: en Narvik, en la Batalla de Inglaterra, en Tobruk o en Arnhem. Hombro con hombro con los británicos, los estadounidenses y los representantes de otras naciones, lucharon por la libertad, la dignidad y la paz, no solo para ellos sino también para el resto del mundo. Su contribución a la victoria sobre el Reich de Hitler es indiscutible.

Sin embargo, el final de la guerra trajo consigo un acuerdo muy alejado de las aspiraciones de libertad de los polacos. Los comunistas subordinados a los soviéticos tomaron el poder en Varsovia. A los generales Anders y Maczek, que como muchos de sus compatriotas eligieron el difícil destino de la emigración, se les retiró la ciudadanía polaca. De los soldados de las Fuerzas Armadas Polacas, unos 120 000 decidieron volver a casa, pero con frecuencia se encontraban en su patria con serias represiones. Muchos de ellos no recibieron el reconocimiento que merecían en vida.

Salvar del olvido

.Sin embargo, aún estamos a tiempo de garantizar que sus heroicos esfuerzos sean conocidos por las generaciones futuras. Este es el objetivo del proyecto “Las Sendas de la Esperanza. Una odisea por la libertad” realizado por el Instituto de la Memoria Nacional (IPN), institución estatal polaca que se ocupa de la historia contemporánea. Este gigantesco proyecto, previsto para 2022-2025, abarcará decenas de países en varios continentes. La exposición, que en varios idiomas y versiones adaptadas al público local, dará a conocer a los visitantes los esfuerzos realizados por las Fuerzas Armadas Polacas durante la Segunda Guerra Mundial, y el destino de los civiles polacos que se desplazaron por todo el mundo en aquella época, llegará a todas partes. También están previstos numerosos actos de acompañamiento: conciertos, concursos, conferencias científicas, etc.

Otros elementos importantes del proyecto son la búsqueda de testimonios del exilio de los polacos provocado por la guerra – fotografías, documentos, relatos – y la restauración de lugares conmemorativos olvidados: placas, monumentos y cementerios repartidos por todo el mundo. El Instituto de la Memoria Nacional cuenta con el apoyo de las comunidades locales. Porque los soldados y civiles polacos que recorrieron cientos de kilómetros durante la guerra no solo escribieron su propia historia, sino también la de los lugares que visitaron.

Karol Nawrocki

Material protegido por los derechos de autor. Queda prohibida su distribución salvo permiso explícito de la editorial. 18/03/2022