Andrei USTINOV: Alma polaca en Rusia

Alma polaca en Rusia

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Andriej USTINOV

Presidente de la Asociación de los Concursos Musicales de Rusia, jefe de redacción del periódico Muzykalnoje Obozrienije

Ryc. Fabien CLAIREFOND

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Ni el filósofo cristiano Bach, ni el genio brillante de Mozart, ni el místico y fantasioso excéntrico Schumann, ni  el archivirtuoso Liszt no tuvieron tanto impacto en las mentes y los corazones de los músicos rusos, pianistas, gente inteligente y formada que el virtuoso de piano proveniente de Polonia. Tal vez una influencia parecida tenía el ardiente revolucionario Beethoven, sin embargo, inigualable fue el lírico Fryderyk Chopin.

.Las melodías de Chopin se armonizaron con el sentir del alma rusa: romántica y llena de pasión, cantante y llena de lágrimas, llenas de emoción y sueños. «Chopin es en la música lo que es Pushkin en la poesía», decía Lev Tolstói quien amaba a Chopin (en Yasnaya Polyana se encuentra la colección completa de sus obras).

«De nuevo, Chopin no busca beneficio, / sino alas para volar/ Una abre camino desde verosimilitud hacia la verdad / Así antes hacía Chopin: / Maravillas verdaderas de granjas, parques, bosques, tumbas / En sus estudios encuentras», escribió sobre su ídolo Borís Pasternak.

La música del polaco Fryderyk Chopin se convirtió en un estandarte y símbolo de la cultura rusa y tradición pianística igual que la música de Chaikovski, Skriabin o Rachmaninov. Es más, en gran parte formó esa misma cultura rusa. El fenómeno bajo el nombre «Chopin ruso» llega a las mismas raíces de la escuela de piano rusa que dio al mundo decenas de excelentes intérpretes de música de Fryderyk Chopin: empezando con Anton Rubinstein y Rachmaninov, Igumnov y Neuhaus, Oborin y Gilels, terminando con Pletniov, Sultanov, Luganski y Trifonov…

El Concurso Chopin que sigue teniendo lugar en Varsovia desde hace casi 100 años se convirtió también casi en un patrimonio nacional ruso, que en cuanto a la importancia cede lugar solo al Concurso Piotr Chaikovski. Cada premio en el Concurso Chopin, igual al del Concurso Chaikovski –y en especial el primer premio– no es simplemente un logro, sino un honor enorme, fama y garantía de que el nombre del ganador pasará a la historia.

Antes casi cada Concurso Chopin se convertía en el triunfo de los intérpretes soviéticos y rusos y sus pedagogos. Quienes triunfaron fueron Lev Oborin (1927), Yakov Zak (1937), Bella Davidovich (1949), Stanislav Bunin (1985), Yulianna Avdéieva (2010).

Probablemente no hay otro concurso de cuyos apremiados fueran tantos rusos: Lev Oborin, Grigori Ginzburg (1927), Abram Lufer, Leonid Sagalov (1932), Roza Tamarkina (1937), Yuri Muravlov, Yevgieni Malinin, Tamara Gusieva, Victor Mierzanov (1949), Vladímir Áshkenazi, Naum Shtarkman, Dmitri Papierno, Dmitri Sácharov (1955), Irina Zaritskaya, Zinaida Ignatyeva, Valeri Kastielski (1960), Natalia Gavrilova (1970), Dina Joffe, Tatiana Fiedkina, Pavel Gililov (1975), Tatiana Shebanova, Arutyun Papazyan, Irina Pietrova (Chukovska) (1980), Tatiana Pikayzen (1985), Margarita Shevchenko, Anna Malikova (1990), Alexei Sultanov, Rem Urasin (1995), Aleksandr Kobrin (2000), Lukas Geniušas, Daniil Trifonov (2010). Casi para todos esos músicos el Concurso Chopin fue el primer éxito en su futura carrera destacada, de interpretación y enseñanza. Muchos después de haber emigrado de la URSS o de Rusia continuaron sus carreras en Europa y en los Estados Unidos: V. Áshkenazi, D. Papierno, I. Zaritskaya, D. Joffe, P. Gililov, J. Malinin, T. Fiedkina, T. Pikayzen, T. Shebanova, M. Shevchenko, A. Malikova, A. Sultanov.

Lev Oborin – el primer triunfador

Los pianistas rusos –en aquel entonces soviéticos– tuvieron éxitos ya en el primer concurso que tuvo lugar en 1927. Fue el primer concurso musical llevado a cabo en Europa que poco antes sufrió la Primera Guerra Mundial. La invitación para participar en él la recibieron también los músicos soviéticos.

11 de diciembre de 1926  en la reunión del Consejo Principal de Gobierno de la Universidad para los Asuntos del Arte fueron aprobados los participantes del 1.er Concurso Internacional de Piano Fryderyk Chopin en Varsovia: los recién graduados del Conservatorio de Moscú Grigori Ginzburg de 22 años, Yuri Briushkov de 23 años, Lev Oborin de 19 y los provenientes de Leningrado Dmitri Shostakóvich de 20 años y Josif Szwarc de 24.

Había extremadamente poco tiempo para prepararse. Oborin escribe en sus memorias que su mentor, catedrático del Conservatorio de Moscú Konstantín Igúmnov le mostró el programa tres semanas antes de empezar el concurso. El repertorio de Oborin abarcaba, según sus palabras, más o menos un tercio del programa obligatorio del concurso. Parecía que participar en él no tenía sentido, no había ninguna esperanza de éxito. Sin embargo, Igúmnov insistió y el pianista, pedagogo y teorético de música Bolesław Jaworski, cuya opinión Oborin siempre respetaba mucho, insistió al igual que Igúmnov.

Diez días antes del concurso el Comité Popular de la Ilustración de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia ordenó que se pusiera a la disposición de los concursantes la Sala Grande del Conservatorio de Moscú para que ensayaran en ella. El 14 de enero de 1927 tuvo lugar la audición final, es decir, el «concierto de cinco músicos» como escribió después la prensa soviética. Un concierto más tuvo lugar el 16 de enero en la Academia Nacional de las Ciencias Artísticas. Las actuaciones de cada uno de los cinco fueron buenas, sin embargo, el 22 de enero de 1927 a Varsovia llegaron los excelentes cuatro: Oborin, Briuszkov, Ginzburg y Shostakóvich (por alguna razón Schwarz no fue a Varsovia).

A los participantes del concurso les hospedaron las familias de Varsovia que pudieron proporcionarles condiciones indispensables para ensayar. Según fue sorteado, Oborin tocó el segundo día del concurso, es decir, el 24 de enero, Briushkov el 25, Ginzburg el 26 y Shostakóvich el 27. Los cuatro llegaron a la final del concurso. La prensa soviética hablaba en todo lugar sobre los pianistas soviéticos «que estaban entre los primeros». Sin embargo, Briushkov se golpeó el dedo antes de la final y «quedaron los tres».

En la final había que interpretar dos partes de concierto para piano de Chopin elegido libremente: la primera y segunda o segunda y tercera. La musicóloga Sofia Chentova escribió en su libro Lev Oborin (Leningrado, Ed. Muzyka, 1964) que los pianistas «dieron el concierto con el acompañamiento de la orquesta sin haber ensayado ni una sola vez». Oborin eligió el segundo concierto de Chopin y Ginzburg y Shostakóvich –el primero.

En consecuencia, como dijo el presidente del jurado del concurso, el compositor Witold Maliszewski, «jurado con el dolor de corazón no le otorgó el premio a un polaco» (cita del libro de S. Chentova). El primer premio y cinco mil eslotis, premio del Presidente de la República de Polonia Ignacy Mościcki recibió Lev Oborin. Grigori Ginzburg fue galardonado con el cuarto premio, Dimitri Shostakóvich y Yuri Briushkov recibieron «menciones honoríficas».

La prensa soviética estaba triunfando. El caricaturista y hombre orquesta Boris Jefimov muy apreciado por Stalin, resumió el concurso con una imagen en Izvestia: Oborin tiene en las manos el diploma y Churchill se toma la cabeza con la mano…

Según las palabras de Oborin, después del concurso fue proclamado chopinista, lo que al principio le sorprendió, alegró, sin embargo, después le causó disgusto, ya que parecía que la gente tenía una percepción limitada de él. Antes de viajar al concurso, como recordaba Oborin, no se ocupaba de Chopin más que de otros compositores. La real cercanía con Chopin apareció mucho más tarde. Oborin decía que entonces ya no solo quería interpretar a Chopin públicamente, sino «hablar con Chopin», estar a solas con su música.

El maestro de ballet Asaf Messerer recuerda una situación graciosa en su libro Danza. Idea. Tiempo. En otoño de 1929 Messerer estaba pensando presentar el balet de S. Prokofiew El paso de acero y decidió pedir consejo a Meyerhold:

«Así como acordamos con Meyerhold, llegué a su casa en el callejón Briusovy (actualmente la calle de Nieżdanova). Me recibió en un cuarto grande, por lo visto, el de visitas, con muebles antiguos donde estaba también un piano de cola. Zinaida Nikolayevna Reich nos preparó té y salió para no molestarnos. Pronto llegó Lev Oborin. Hacía poco que recibió el primer premio en el Concurso Chopin en Varsovia y en todos sus gestos de aquel entonces se sentía el brillo de una estrella joven naciente. Con Oborin ya nos conocíamos un poco. Habíamos dado conciertos juntos. A la par de otras piezas, tocó también el Vals n.o 7 de Chopin. Recuerdo que pregunté por qué tocaba tan rápido:

– Nosotros, en ballet, lo bailamos más lento.

– Lo bailan mal allí– protestó Lev Nikolayevich.

– Pero así lo actuó Fokin– dije.

– Fokin lo actuó mal– respondió Oborin. –Chopin lo tiene más rápido. Hay que bailar como está en Chopin.

«Panorama variopinta de la vida de cada pianista que da conciertos», así poéticamente y al mismo tiempo de forma humilde Lev Oborin caracterizó su vida después de haber ganado el concurso. Decenas de conciertos como solista y conciertos con orquesta. Dúos con David Óistraj, Yehudi Menuhin, George Enescu. Trio con David Óistraj y Sviatoslav Knushevitsky que duraron más de veinte años. Las conferencias en el Conservatorio de Moscú (piano de cola y grupo de cámara), más de cuarenta años; entre sus estudiantes estaban Vladímir Áshkenazi, Mikhail Voskresensky, Boris Chaikovski (quien se dedicó a la composición), Arkady Sevidov y el futuro director excelente Guennadi Rozhdéstvenski quien en el festival por el 100.o aniversario del nacimiento de Lev Oborin (de 11 de septiembre a 25 de diciembre de 2007) interpretó su Scherzo fantástico para la orquesta sinfónica.

Pocos saben hoy que Lev Oborin también fue un compositor (aunque escribió poco) y que fue la composición musical lo que consideraba su verdadera profesión.

La vida, sin embargo, tuvo otro rumbo.

Dmitri Shostakóvich: «Toqué muy bien»

Diferente rumbo del que podría parecer tomó la vida de D. Shostakóvich después del concurso. En 1925 se graduó de la facultad de piano del Conservatorio de Leningrado (del profesor Lev Nikolaiev) y a mediados de los veinte dio conciertos con éxito como pianista. En aquel entonces se encontró en un cruce de caminos profesionales y la carrera pianística lo atraía incluso más que la de composición.

24 de diciembre Shostakóvich en la carta a B. Yavorsky informa sobre las preparaciones para el concurso: «He dominado ya dos partes del Concierto en mi menor, Balada n.o 3, Mazurka en si menor y dos nocturnos. Para dominarla, me quedó la tercera parte y los («benditos») dos preludios (fa menor y si bemol menor) y un par de etuidas».

14 de enero de 1927 Shostakóvich tomó parte en el concierto de los participantes soviéticos del concurso en la Sala Grande del Conservatorio de Moscú.

En la rifa de los números le cayó el número 30 (en total hubo 32 participantes). El 23 de enero estuvo presente en la inauguración del concurso, pero por las primeras señas de la apendicitis tuvo que abandonar la sala de la Filarmónica de Varsovia.

«El día de ayer me “cansó” algo por el estómago, pero de inmediato me llevaron a la embajada, llamaron un médico, dieron las gotas de Inoziemcov y todo se me pasó», escribió a su madre que vivía en Leningrado de aquel entonces.

En la carta a B. Yavorsky, sin embargo, describió la situación con un dramatismo inigualablemente mayor:

«Por la mañana me despierto con un dolor fuerte de abdomen. A pesar de ello, fui a la inauguración del concurso. Durante un discurso apasionado de alguien, el dolor llegó a tal punto que corrí a la casa, me cambié y acosté. Los dolores, crescendo. […] Unas 2 horas pasé acostado y empecé a cambiarme con una fuerte decisión de mandar a alguien a que comprara el aceite de ricino. Cuando me puse el pantalón, oí que alguien estaba tocando la puerta y entró Popov. ¡Imagínese usted! A nadie de mis queridos compañeros no se le ocurrió averiguar qué estaba pasando conmigo, y quien llegó corriendo fue Popov. […] Me llevó a la Representación Plenipotenciaria, al piso del camarado Kening, presidente del Comité Local. Estoy sufriendo increíblemente. Los Kenig (con esposa) de inmediato me mandaron a la cama y mandaron a traer un médico. Llega el médico, toca el abdomen, mira la lengua, mide el pulso, la temperatura y anuncia: ¡apendicitis! Así… El médico sale, recetando medicamentos en camino. Y el abdomen está doliendo ya bastante fuerte. Después de media hora trae los medicamentos y pasados 3 minutos de haberlos tomado, vomito. El camarado Kenig dice que eso está bien y en un momento me sentiré mejor. Me dio agua para tomar, de nuevo los vómitos. Vomité unas 6 o 7 veces. Pero no me sentía mejor. Más pasaba el tiempo, peor me sentía. Al fin llegó el doctor por segunda vez. […] De repente, empiezo a llorar. Lloro y lloro sin parar. Todo el mundo me está tranquilizando, etc. Popov me pone una compresa en el abdomen y me tranquilizo un poco. Hasta la fecha no sé recordar ese acontecimiento sin gran sensibilidad. ¡Qué bien cuidaron de mí! Después llegan a visitarme mis queridos compañeros. Cuando llegaron –yo de nuevo empecé a llorar».

A pesar del malestar, Shostakóvich no se cuida. Sobre su primera intervención en la primera ronda escribe a su madre:

«Empecé con la polonesa. […] Me aplaudieron muy bonito después de ella. Había que agradecer al público con una reverencia. Aplaudían después de cada nocturno. Aplaudían mucho tiempo, de tal forma que tenía que levantarme y agradecer con reverencia. Después del Preludio fa sostenido menor aplaudían de verdad bastante; después de si bemol menor también. Después de cada uno tenía que levantarme y hacer reverencia. […] En la Etiuda la bemol mayor empezaron a aplaudir después de arpeggio, y muy fuerte. Me parece que logré darles con esa etiuda la impresión adecuada. Después de do sostenido menor me levanté e hice reverencia dos veces. Después de la ballada estaban aplaudiendo con ganas. […] En el cuarto para artistas todos me estaban felicitando, pero yo rápido me escapé. […] el concurso termina mañana. […] Estoy satisfecho de mí mismo. Toqué, olvidándome del mundo entero, según el dicho, como un inspirado».

Shostakóvich entró al grupo de los 8 finalistas del concurso y en la final tocó el Concierto n.o 1 de Chopin. Fue galardonado con el diploma de «la mención honorífica» (como Yuri Briushkov) y en las memorias de M. Druskin «[Shostakóvich] estaba confundido por el hecho de no haber recibido premio. Diría incluso que tenía un resentimiento por ello…».

1 de febrero Shostakóvich escribe a su madre: «Terminé fuera de la borda. Sin amargarme, ya que hice la tarea. El programa lo interpreté muy bien y tuve un gran éxito. […] El concierto también lo toqué muy bien y tuve el mayor éxito de las 8 personas. El éxito fue incluso mayor que el de Moscú». Dmitri Dmítrievich Shostakóvich escribe que según muchos, los candidatos reales para el primer premio fueron él y Oborin y el reparto de premios causó asombro del público: cuando el presidente del jurado W. Maliszewski «se olvidó» de leer su apellido, «entre el público se pudieron escuchar las voces “Shostakóvich, Shostakóvich”» y los aplausos.

Bajo el signo de Meyerhold

.Los jóvenes músicos se acercaron entre sí también gracias a los contactos con W. Meyerhold. Como fue mencionado arriba, Lev Oborin fue casi miembro de la casa del gran director de teatro. Pero antes, casi dos años antes del encuentro mencionado con A. Messerer donde Meyerhold en el callejón Briusovy, el maestro le dedicó a Oborin la primera versión del espectáculo Ay de la mente en el que trabajó a finales de 1927 y principios de 1928 (Chacki, de acuerdo con la voluntad del director, iba a ser pianista y tocar todo el tiempo solo las piezas clásicas famosas). Y más o menos al mismo tiempo (finales de 1927) Meyerhold invitó a que trabajara en su teatro también Dmitri Shostakóvich.

«Me llamó (eso fue en Leningrado) y dijo: “Habla Meyerhold. Quisiera verle. SI usted puede, venga a donde estoy yo, por favor. El hotel tal, número tal”. Vsévolod Emílievich y Zinaida Nikolayevna Reich me recibieron de forma muy amable. Preguntaron si no quisiera empezar a trabajar en teatro. Respondí inmediatamente que ganas así, por supuesto, tengo. Y, efectivamente, poco después fui a Moscú y empecé a trabajar en la sección de música en su teatro», recordaba Dmitri Shostakóvich en la conversación con el director L. Varpajovski en 1927.

En enero de 1928 Shostakóvich fue nombrado jefe de la sección musical del Teatro Meyerhold. Como en Moscú no tenía piso, vivía en el de Meyerhold en el boulevard Novinski.

«Las tardes-noches eran muy interesantes –recordaba Shostakóvich–.  Trabajaba mucho allí, en aquel entonces escribía la ópera La nariz. Recuerdo que en el piso de Vsévolod Emílievich en el boulevard Novinski hubo gran incendio, un incendio peligroso. Y en eso Vsévolod Emílievich (yo no estaba entonces en el piso) recogió mis manuscritos y me los devolvió intactos –gracias a ello no se perdieron. Fue un gran acto de su parte, un acto bello por mi persona, ya que tenía cosas quizá mucho más valiosas para él que mis manuscritos».

Pasado un año, Meyerhold volvió a invitar a Shostakóvich a trabajar con él: esa vez se trataba de escribir la música del espectáculo La chinche basado en la comedia de V. Mayakovski. «Estaba componiendo la música, tocando, y él estaba escuchando –contaba Dmitri Dmitriyevich–. Recuerdo que le gustaban mucho los foxtrots de los tres armonistas… No puedo dejar de mencionar  que la obra teatral en sí no me gustaba. Sin embargo, la autoridad de Meyerhold para mí fue tan grande que por supuesto no podía “tener mi propia opinión” acerca del tema. Pero discutir con Vsévolod Emílievich, obviamente, no lo pensaba hacer. Si eligió a trabajar esa obra, eso significaba que lo valía».

El estreno de La chinche con la música de D. Shostakóvich tuvo lugar el 13 de febrero de 1929. Shostakóvich aún durante un par de años actuaba en el escenario como pianista –como solista, como miembro de grupos de cámara, con orquestas (en especial 23 de noviembre de 1929 en la Sala Grande de la Filarmónica de Leningrado interpretó Concierto para dos pianos con la orquesta  de Mozart con G. Popov y la orquesta de la filarmónica bajo la dirección de F. Stiedry) y el 26 de noviembre el Concierto n.º 1 de Chaikovski con la orquesta de la filarmónica bajo la dirección de N. Malka).

Sin embargo, poco a poco empezó a atraerlo totalmente la composición y habiendo dado en febrero de 1930 en Rostov del Don un concierto con la orquesta sinfónica del lugar bajo la dirección de F. Jakobson (dio Concierto n.º 1 de Prokofiev), Shostakóvich terminó su actividad de solista, interviniendo más tarde solo como el intérprete de sus propias piezas.

.La amistad de D. Shostakóvich y L. Oborin que nació durante el Concurso Chopin duró casi medio siglo (Oborin murió a principios de 1974, Shostakóvich vivió un año y medio más).

Andrei Ustinov

Material protegido por los derechos de autor. Queda prohibida su distribución salvo permiso explícito de la editorial. 19/02/2022