Karol NAWROCKI: Tanques contra "Solidaridad" Karol NAWROCKI: Tanques contra "Solidaridad"

Tanques contra "Solidaridad"

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Karol NAWROCKI

Presidente del Instituto de la Memoria Nacional.

Ryc. Fabien Clairefond

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Hace 40 años que el Liverpool FC ganó la Copa de Europa, que se formó el grupo musical Metallica y que Robert de Niro recogió un Oscar por su gran interpretación del boxeador Jake LaMotta en Toro Salvaje. En Polonia, el año 1981 estuvo marcado por otro acontecimiento: el régimen comunista declaró la guerra a su propio pueblo.

.El escenario era similar en todas partes: fuertes golpes en las puertas, a veces irrumpiendo por la fuerza, destrozando la vivienda, intimidando o incluso golpeando. Se daba normalmente un momento para poder vestirse, después se producía la brutal separación de los seres queridos y la incertidumbre del mañana. Para más de 3000 internados, así se puede describir la noche del 12 al 13 de diciembre de 1981: la primera noche de la ley marcial en Polonia. Se detuvo a destacados activistas del sindicato independiente “Solidaridad”, así como a personas que estaban vagamente relacionadas con la oposición democrática.

Antoni Heda, que vivía en el pueblo de Kanie, cerca de Varsovia, fue uno de los perseguidos por la milicia y la policía secreta. Este veterano comandante partisano de los tiempos de la ocupación alemana y de la conspiración independentista de la posguerra fue encarcelado varias veces ya en los años 40: por los soviéticos, los alemanes y, finalmente, los comunistas nacionales. Poco después de cumplir los sesenta y cinco años, fue de nuevo declarado por el régimen rojo como una amenaza para “la seguridad del Estado y el orden público”. Fue conducido a un centro de detención en Varsovia-Białołęka. En otro de estos centros, en Łęczyca, se encontraba el médico de Łódź Marek Edelman, uno de los líderes del heroico levantamiento del gueto de Varsovia en 1943.

Lo que ocurrió en Polonia aquel gélido diciembre, y en los meses siguientes, se ha conocido a veces como la guerra polaco-jaruzelska. Wojciech Jaruzelski, el número uno del aparato de poder comunista, declaró la guerra a su propio pueblo. Llegó a sacar los tanques a la calle para aplastar las aspiraciones de libertad del pueblo, simbolizadas por el multitudinario movimiento “Solidaridad”. Fue el período de quizás mayor terror y anarquía desde los tiempos del estalinismo. Una vez más, al igual que en 1956 y 1970, las autoridades que se autodenominaban “poder popular” dispararon contra los trabajadores. La “pacificación” de la mina en huelga “Wujek” de Katowice, el 16 de diciembre de 1981, se saldó con nueve víctimas mortales. El número de internados en toda Polonia fue de aproximadamente 10 000 personas. Las cárceles también se llenaron rápidamente. Ewa Kubasiewicz, de Gdynia, participante en la huelga y coautora del folleto que llamaba a la resistencia, ¡fue condenada a diez años de prisión! También se amenazaba con sentencias draconianas, por ejemplo, por pintar en las paredes consignas como “Abajo el comunismo”.

Durante este difícil período, Polonia estuvo en boca de todo el mundo. Los regímenes comunistas, encabezados por la Unión Soviética, apoyaron a Jaruzelski. Las simpatías occidentales estaban inequívocamente del lado de los perseguidos. En París, Múnich, Roma e incluso en lugares tan lejanos como Melbourne, se produjeron miles de manifestaciones de solidaridad con los polacos. Se puso en marcha de forma desinteresada una ola de ayuda humanitaria sin precedentes para nuestro país. Paquetes y transportes con alimentos, medicinas y otros donativos llegaron a Polonia desde Alemania Occidental, Francia y Suecia. Para los beneficiarios, incluidas las familias de los reprimidos, supusieron un momento de alegría en tiempos oscuros.

El Papa Juan Pablo II se solidarizó con sus compatriotas perseguidos durante esos sombríos meses. “La fuerza y la autoridad del poder se expresan a través (…) del diálogo, no mediante el uso de la violencia”, apelaba al equipo de Jaruzelski. Insistía en el respeto de “los derechos de todo hombre y ciudadano” y denunciaba los efectos de la “desafortunada ley marcial”. En esa Nochebuena, en la ventana de la vivienda papal, claramente visible desde la Plaza de San Pedro en el Vaticano, se encendió una vela, en señal de solidaridad con el pueblo que sufre.

Ronald Reagan decidió realizar el mismo gesto en la Casa Blanca. El presidente estadounidense pidió a sus compatriotas que también encendieran velas en sus ventanas. “Nosotros, los pueblos del Mundo Libre, nos solidarizamos con nuestros hermanos y hermanas polacos. Su causa es nuestra causa, y en esta Navidad nuestras oraciones y esperanzas van dirigidas a ellos”, declaraba en un memorable discurso televisado el 23 de diciembre de 1981.

La campaña “Enciende la luz de la libertad” del Instituto de la Memoria Nacional (IPN), institución que tengo el honor de dirigir, se refiere hoy a estos gestos de Juan Pablo II y Reagan. Cada 13 de diciembre animamos a los polacos, pero también a las personas de todo el mundo, a que enciendan una vela en su ventana o una virtual en internet, para conmemorar de esta forma a las víctimas de la ley marcial. Continuaremos con esta acción cada año.

Hace 40 años, el programa de televisión “Let Poland be Poland” (Dejemos que Polonia sea Polonia) también tuvo una gran resonancia, fue emitido el 31 de enero de 1982 y visto por casi 200 millones de espectadores en decenas de países. El programa hacía referencia al Día de la Solidaridad con Polonia anunciado por la administración estadounidense. Además de con políticos, contó con artistas famosos como Paul McCartney, Kirk Douglas y Frank Sinatra. Este último incluso cantó una canción en polaco.

La emisión de “Let Poland be Poland” atrajo el interés de los servicios secretos comunistas de Polonia. La cinta de vídeo con la versión abreviada mostrada en la televisión de Alemania Occidental se encuentra hoy en el Archivo del IPN en Varsovia, junto con otros materiales incautados a la policía secreta. También ponemos a disposición de investigadores y periodistas de Polonia y del extranjero cientos de volúmenes de archivos del período de la ley marcial. Gracias a este legado, no estamos condenados a las “suavizadas” memorias de Jaruzelski, que años después intentó presentar la ley marcial como un “mal menor”: una defensa del país contra la supuesta amenaza de intervención soviética. A pesar de la destrucción masiva de archivos realizada durante los últimos años del sistema comunista, han sobrevivido numerosos materiales que socavan la narrativa de Jaruzelski y sus colaboradores. Nuestros investigadores y educadores están muy interesados en la utilización de estos recursos. A través de ellos, la verdad sobre la ley marcial se abre paso lentamente en círculos cada vez más amplios de la opinión pública.

Muchos polacos vivieron después de 1989 con una sensación de injusticia transformadora. Aquellos que se oponían al régimen en la época comunista a menudo pagaron un alto precio por ello: el encarcelamiento, la quiebra de carreras profesionales, en algunos casos la emigración, y la destrucción de la vida privada. Sus opresores y responsables de aquella época superaron en la mayoría de los casos el cambio de régimen sin ninguna repercusión, viviendo despreocupados en una Polonia libre. Jaruzelski fue incluso enterrado en 2014 con honores en el Cementerio Militar de Powązki, en Varsovia, el Arlington polaco. Hoy en día, el Instituto de la Memoria Nacional intenta, en la medida de lo posible, compensar este abandono. Los abogados del IPN solicitan el levantamiento de la inmunidad de los jueces y fiscales que procesaron o condenaron a opositores durante la ley marcial y en los años posteriores. No podemos hacer retroceder el tiempo, pero es el deber de un Estado de Derecho democrático luchar por la restauración de la justicia elemental.

Material protegido por los derechos de autor. Queda prohibida su distribución salvo permiso explícito de la editorial. 10/12/2021

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