Karol NAWROCKI: La constitución de la libertad polaca

La constitución de la libertad polaca

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Karol NAWROCKI

Presidente del Instituto de la Memoria Nacional.

Ryc. Fabien Clairefond

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Cada 3 de mayo, los polacos celebran el aniversario de la aprobación en Polonia, en 1791, de la primera constitución de Europa y la segunda del mundo.

.La calle Świętojańska del casco antiguo de Varsovia se llena de una multitud entusiasta. Aquí podemos encontrar toda una muestra de la sociedad polaca de la época. Aristócratas, eclesiásticos, burgueses, también campesinos y representantes de la minoría judía. No faltan las figuras históricas, con el rey Stanisław August Poniatowski a la cabeza. Sin embargo, incluso con el característico manto de coronación sobre los hombros, el monarca parece desvanecerse ligeramente en el grupo de personas reunidas a los pies de la Colegiata de San Juan. Llama mucho más la atención el Presidente del Sejm, Stanisław Małachowski, llevado a hombros por dos diputados. En su mano derecha, Małachowski levanta un documento. Un ojo agudo detectará la inscripción en la página del título: “Constitución del 3 de mayo de 1791”.

Este acontecimiento tan trascendental de finales del siglo XVIII fue representado un siglo después por Jan Matejko. El destacado pintor no tenía ninguna duda de que estaba conmemorando uno de los momentos más importantes de la larga historia de Polonia. Esto resulta evidente también para nosotros en la actualidad, cuando cada 3 de mayo celebramos el aniversario de esa constitución, la primera de Europa y la segunda del mundo.

Tiempo de debilidad, tiempo de esperanza

.La República entró en la última década del siglo XVIII como uno de los mayores estados del Viejo Continente, con una superficie superior al medio millón de kilómetros cuadrados. Sin embargo, nadie que conozca la política puede dudar de que, parafraseando a Shakespeare, “algo huele a podrido en el Estado Polaco”. El país, que solo dos siglos antes había vivido su edad de oro, no lograba ahora recuperarse tras las numerosas guerras. El tesoro público estaba vacío. El ejército era muy inferior a los de sus vecinos: Rusia, Prusia, Austria. La burguesía era débil, gran parte de la nobleza estaba empobrecida y los campesinos siervos no se sentían vinculados al estado. El rey reinaba, pero hacía tiempo que su poder se había reducido. Las cartas fueron repartidas por los magnates influyentes, los oligarcas de la época, muchos de ellos reacios a las reformas. Para asegurar sus intereses particulares, algunos de ellos estaban dispuestos a pedir ayuda a los estados vecinos. Estados ansiosos por aprovecharse de la debilidad de Polonia. Sin piedad, se inmiscuyeron en sus asuntos internos, y en 1772 se repartieron entre sí parte de sus tierras. La truncada República se hacía cada vez más dependiente de Rusia.

Sin embargo, no todo iba por mal camino. Ya en la década de 1760, el rey Stanisław August Poniatowski inició ambiciosas reformas: desde la educación, pasando por el fortalecimiento de la posición de las ciudades, hasta la política monetaria. Los cambios se aceleraron tras la convocatoria, en 1788, del Sejm, más tarde conocido como el Gran Sejm y el Sejm de los Cuatro Años. Los diputados se deshicieron del protectorado ruso, introdujeron un impuesto sobre la renta y decidieron ampliar el ejército. Las reformas culminaron con la aprobación de la Constitución del 3 de mayo, conocida oficialmente como la Ley de Gobierno (Ustawa Rządowa).

Dios, Nación, Libertad

.”En el nombre de Dios, único en la Santísima Trinidad” son las primeras palabras del preámbulo de este documento histórico. La Constitución reconocía el catolicismo romano como religión dominante, pero al mismo tiempo, en consonancia con la tradición secular de tolerancia religiosa de Polonia, hablaba explícitamente de la libertad de “todos los ritos y religiones”.

En la breve Ley de Gobierno del 3 de mayo de 1791, las palabras “libertad” y “libre” se encuentran declinadas en todos los casos y aparecen un total de 25 veces. Hay referencias a la “libertad personal” y a la “libertad civil”, pero también se habla de la “nación libre” de Polonia, con “el poder de elaborar leyes para sí misma”, liberada “de los vergonzosos mandatos de la violencia extranjera”. La nobleza es libre, hay ciudades libres y campesinos tomados “bajo la protección de la ley y del gobierno nacional”, lo que fue el primer paso para abolir su servidumbre. Por otra parte, se garantizó la “completa libertad” a todos los recién llegados y retornados a Polonia. La libertad, durante siglos una parte importante del ADN polaco, está omnipresente en la Constitución del 3 de mayo.

El mismo espíritu de libertad acompañó a los colonos europeos en América cuando, no mucho antes, desafiaron con éxito a los británicos y se independizaron. La Constitución de Estados Unidos es cuatro años más antigua que la polaca, ya que las famosas enmiendas a la misma, conocidas como la Carta de Derechos, no entraron en vigor hasta diciembre de 1791.

Los eslóganes de libertad también acompañaron a la Revolución Francesa en aquella época. En el Sena, sin embargo, los elevados ideales se mezclaron con el terror. Así lo reconocía el periódico británico The Times, que en un artículo del 9 de mayo de 1791 escribió sobre los “demócratas despóticos” franceses. El periódico contrastaba su sangrienta revolución con la revolución polaca: racional, liberal y libre de crueldad. El eminente filósofo Edmund Burke escribía con similar entusiasmo sobre la Constitución del 3 de mayo: “Nadie ha sufrido pérdidas ni se ha sentido humillado. Todos, desde el rey hasta el simple trabajador, han mejorado su suerte”.

La Ley de Gobierno era un documento completamente moderno. Estaba basada en la división tripartita de poderes de Montesquieu, convirtió a los diputados en representantes de toda la nación y abandonó el principio anárquico del liberum veto en favor de una decisión por mayoría de votos. Otorgó una auténtica esperanza de que la República aún podía salvarse del colapso y la condujo a un nuevo esplendor.

Una elección que se repite cada día

.Desgraciadamente, estas esperanzas se desvanecieron rápidamente. Un año después de la adopción de la Constitución del 3 de mayo, un ejército ruso de casi 100 000 soldados entró en Polonia. En 1793, Rusia y Prusia volvieron a arrancar una parte considerable del territorio de la República. El Sejm, reunido bajo el control de San Petersburgo, derogó la constitución. El último intento de salvar el país fue el levantamiento de 1794. Sin embargo, las tropas comandadas por Tadeusz Kościuszko, el héroe de la lucha por la independencia de Estados Unidos, fueron incapaces de resistir a las abrumadoras fuerzas enemigas. Tras la toma de Praga, la parte de la margen derecha de Varsovia, los soldados rusos llevaron a cabo una matanza de la población civil. Las dramáticas escenas, inmortalizadas en los relatos de los testigos y en las obras de los pintores, evocan ahora irresistiblemente los crímenes masivos perpetrados por la Federación Rusa en Ucrania: en Borodyanka, Bucza, Mariúpol y muchos otros lugares.

Aunque Polonia desapareció del mapa de Europa en 1795, el recuerdo de la Constitución del 3 de mayo ha sobrevivido. En tiempos de esclavitud: las particiones del siglo XIX, la Segunda Guerra Mundial y el régimen comunista, no hubo posibilidad de celebrar oficialmente el aniversario de la Constitución. En cuanto recuperamos la soberanía, el 3 de mayo se convirtió en fiesta nacional. Así sucedió en 1919, tras la Primera Guerra Mundial, y en 1990, tras la caída del sistema comunista.

Cuando el año pasado celebramos el 230.º aniversario de la primera constitución europea, los presidentes de varios países de la región fueron invitados al Castillo Real de Varsovia. Entre ellos se encontraba el Presidente ucraniano Wołodymyr Zełenski, que firmó la declaración conjunta de los jefes de Estado. Queremos, declararon los firmantes, “que Europa se construya sobre una base de valores y principios fundamentales” como “la libertad, la soberanía, la integridad territorial, la democracia, el estado de derecho, la igualdad y la solidaridad”.

.La libertad y la soberanía no se obtienen para siempre: hay que estar dispuesto a luchar por ellas todos los días. La corta vida de la Constitución del 3 de mayo lo demostró dolorosamente. Esto se confirma también hoy, cuando Ucrania se defiende de la invasión rusa.

Karol Nawrocki

Texto publicado simultáneamente con la revista mensual de opinión Wszystko Co Najważniejsze [Lo Más Importante] en el marco del proyecto realizado con el Banco Central de Polonia, Narodowy Bank Polski (NBP) y el Instituto de Memoria Nacional.

Material protegido por los derechos de autor. Queda prohibida su distribución salvo permiso explícito de la editorial. 28/04/2022