Karol NAWROCKI: La defensa de la independencia

Karol NAWROCKI: La defensa de la independencia

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Karol NAWROCKI

Presidente del Instituto de la Memoria Nacional.

Ryc. Fabien Clairefond

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“[…] ya no hay ocupantes. Somos los únicos dueñosy anfitriones” – se alegraba el político y publicista de Varsovia Ignacy Baliński en noviembre de 1918. La recién recuperada libertad de Polonia todavía tenía que defenderse de Rusia, al igual que lo hace hoy Ucrania.

.“La vida pasa a una velocidad que resulta difícil de creer. […] Cada hora trae algo nuevo” – señalaba la escritora Maria Dąbrowska en sus Dzienniki. Era 10 de noviembre de 1918. En Alemania, atenazada por la agitación revolucionaria, la era imperial estaba llegando a su fin. Guillermo II decidió huir a los Países Bajos, y un día después, en Compiègne, Francia, la delegación alemana firmó un armisticio, una rendición de facto que ponía fin a la Primera Guerra Mundial. Austria-Hungría ya se había desmoronado y en Rusia se estaba llevando a cabo una guerra civil. Nuevos estados nacían sobre las ruinas de los últimos imperios. La hora de la libertad también había llegado para Polonia. 

Alcanzar la independencia: éste era el sueño de varias generaciones de polacos desde que su país desapareció del mapa de Europa a finales del siglo XVIII, dividido entre tres poderosos vecinos: Prusia, Austria y Rusia. Hubo momentos, como durante las guerras napoleónicas, en los que el sueño polaco de libertad parecía estar cerca de hacerse realidad. Sin embargo, más tarde, la independencia volvía a alejarse. Los polacos todavía lucharon por ella más de una vez con las armas: durante el levantamiento de Cracovia (1846), el levantamiento de Poznan (1848) o los dos levantamientos contra Rusia: el de noviembre (1830-1831) y el de enero (1863-1864). El precio de estos levantamientos infructuosos fue alto: condenas a muerte, deportación a Siberia, confiscación de bienes, liquidación de la autonomía polaca, intensificación de la germanización y de la rusificación. 

Sin embargo, incluso durante el sometimiento, la cultura polaca floreció y la sociedad no se apartó del sentimiento de nacionalidad polaca. Destacados escritores, como el premio nobel Henryk Sienkiewicz, o pintores, como Jan Matejko, por ejemplo, crearon conscientemente “para reconfortar el corazón”. En sus obras, recordaban los tiempos de grandeza de Polonia y devolvían la esperanza al pueblo. 

El estallido de la Primera Guerra Mundial también infundió esperanza a los polacos con ideas independentistas. La causa fue que, en agosto de 1914, los ejércitos de las potencias ocupantes se enfrentaron entre sí: Alemania y Austria-Hungría, por un lado, y Rusia, por otro. El largo conflicto agotó a las tres potencias. Rusia se sumió en revoluciones. El imperio de los Habsburgo se desmoronó como un castillo de naipes. Alemania, también amenazada por la revolución, se vio obligada a pedir la paz a la Triple Entente aceptando sus términos. Una oportunidad histórica se abría ante los polacos. Teníamos que actuar para no desperdiciarla. 

“Por la mañana, desde una hora temprana, desarmando a los oficiales alemanes en todas las esquinas. […] Durante todo el día, tomando la propiedad militar de los alemanes y haciéndonos cargo de las autoridades civiles”, podemos leer en los Dzienniki de Dąbrowska. La escritora dio permanencia a sus observaciones desde Varsovia en el calor del momento. Los registros del desarme de los alemanes datan del 11 de noviembre de 1918, considerado en su momento como el primer día de una Polonia renacida. Aquel frío y nebuloso lunes, el Consejo de Regencia, un órgano que seguía siendo designado por las autoridades alemanas y austrohúngaras de ocupación, entregó el poder sobre el ejército a Józef Piłsudski, un destacado activista independentista polaco. Tres días después, también le confió plenos poderes civiles. 

El 16 de noviembre de 1918, Piłsudski, envió un telegrama a los gobiernos de “todos los países beligerantes y neutrales”. Les informó de que había renacido una Polonia soberana, que abarcaba las tierras de todas las antiguas particiones, una Polonia democrática, construida “sobre el orden y la justicia”. El gobierno de Jędrzej Moraczewski, nombrado por Piłsudski, anunció importantes reformas sociales: la jornada laboral de ocho horas, el derecho a la huelga, el seguro de enfermedad. También se concedió el derecho de voto a las mujeres, mucho antes que en numerosos países occidentales. Todo ello convirtió a la renacida Polonia en un estado completamente moderno. 

Sin embargo, en el otoño de 1918, nadie podía predecir qué forma territorial tomaría este estado, o si sobreviviría. En Galitzia, los polacos libraron duras batallas con los ucranianos por Leópolis y Przemyśl. La frontera occidental de la República se forjó durante cuatro levantamientos contra Alemania: el de Gran Polonia y tres en Silesia. Sin embargo, la mayor amenaza venía del este. Se trataba de la Rusia bolchevique, que quería llevar su sangrienta revolución a Europa “a través del cadáver de la Polonia blanca”. En 1920, los polacos vencieron a los bolcheviques en las zonas de Varsovia y Leópolis situadas frente a las posiciones ocupadas por las tropas. De este modo, defendieron su recién recuperada independencia. La expansión soviética fue detenida. El Viejo Continente tenía casi dos décadas de paz por delante. 

Sin embargo, la libertad no se concede para siempre. Polonia fue dolorosamente consciente de ello en 1939, cuando fue víctima de dos naciones vecinas totalitarias: la Alemania nazi y la Unión Soviética. Esta vez volvió al mapa de Europa después de seis años, dramáticamente ensangrentada y destruida. Tuvo que esperar muchas décadas más para conseguir la soberanía, hasta el colapso del comunismo en esa parte del mundo. 

Una generación de polacos nacidos en la República libre de Polonia ha conseguido llegar a la edad adulta. Sin embargo, aún hoy, en la tercera década del siglo XXI, la libertad y la paz no son algo natural en Europa. El brutal asalto de Rusia a Ucrania nos ha hecho tomar conciencia de ello. 

.El 11 de noviembre celebramos una vez más el Día de la Independencia Nacional de Polonia. Felices de vivir en una patria libre. Pero también conscientes de que la independencia debe vigilarse de forma constante. En caso necesario, incluso con las armas. 

Karol Nawrocki 

Material protegido por los derechos de autor. Queda prohibida su distribución salvo permiso explícito de la editorial. 10/11/2022