Jan ŚLIWA: Buenos samaritanos en los tiempos del Holocausto Jan ŚLIWA: Buenos samaritanos en los tiempos del Holocausto

Buenos samaritanos en los tiempos del Holocausto

Jan ŚLIWA

Apasionado de los idiomas y la cultura. Especialista en TI. Publica sobre temas relacionados con los datos, la investigación médica, la ética y los aspectos sociales de la tecnología. Vive y trabaja en Suiza.

Ryc.Fabien Clairefond

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El código penal vigente para los polacos y judíos estaba escrito en tres páginas, la palabra muerte aparece en él siete veces.

.Tarnów, Polonia bajo la ocupación, 1942. Los alemanes cierran el barrio judío, lo convierten en un gueto. Días de frenesí homicida – los cadáveres bañados en sangre están en las calles, la gente intenta huir, a algunos los echan en una sinagoga en llamas.

Un par de días después, una judía está llamando a la puerta de su amiga polaca. La puerta la abre una mujer joven. ¿Qué hacer? Dar refugio a un judío significa la muerte –según la ley alemana introducida por los ocupantes a la que estaban sujetos los polacos.

La vida de la joven polaca empezó hace poco –si no fuera por la guerra, seguiría estudiando física.

Abre un poco más la puerta.

La judía entra y  se queda por más de dos años.

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.El Holocausto sigue siendo un tema recurrente en los medios de comunicación. En mi opinión, el obstáculo principal para una discusión objetiva es la dificultad para imaginarse el infierno de esos tiempos, no solo a través de la mente, sino también a través de los sentimientos y sentidos. Analizar el miedo no es lo mismo que el miedo en sí; hacer esto hoy, desde la comodidad de los países de Oeste, es casi imposible.

Escribiendo este texto importante para mí, quisiera ayudar al lector a imaginarse las situaciones reales y sentirlas como en aquel entonces. Voy a describir el fondo, para que cada uno pueda identificar el terreno de la acción, después presentaré un par de ejemplos de actos de ayuda y sus dificultades, presentar y valorar los dilemas éticos, finalmente pensar si –aparte de moralizar– hoy estamos mejor preparados para una prueba tan extrema.

Con el paso del tiempo los alemanes fueron eliminados de la conciencia de las sociedades del mundo, fueron reemplazados por los nazis abstractos. Los nazis no tienen ni patria, ni hijos; se evaporaron en 1945. Pero, como es necesario tener un villano, ese papel se les dio a los polacos. Por eso podemos leer sobre “los judíos asesinados por los nazis en los campos de concentración polacos”.  La única nación nombrada aquí es la polaca, la asociación “nazis–polacos” está siendo impresa en la mente de los lectores. Se repite tanto que está cerca de tener un resultado duradero. Eso lleva a tal tipo de acrobacia mental como el comentario de Andrea Mitchell de MSNBC sobre los judíos que lucharon en el Levantamiento de Gueto “contra el régimen de los polacos y de los nazis” (“against the Polish and Nazi regime”). Una simple falta de conocimiento y, con frecuencia, una manipulación consciente deforman la historia.

Actualmente los relatos sobre el Holocausto casi nunca mencionan a los alemanes, salvo que un día pidieron perdón y “la cuestión está cerrada”. Por otro lado, esos horribles polacos no quieren “asumir ninguna responsabilidad de los crímenes del Tercer Reich”, como comunicó últimamente la cadena France Culture.

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.No, no queremos que nos echen la culpa de los crímenes de otros. Muchos se olvidan de que Polonia nunca formó parte del Tercer Reich, ni era su aliado –era un país conquistado bajo una ocupación brutal. Los polacos lucharon contra la Alemania nazi –como nadie– desde el primer día de la guerra hasta el último. En todos los frentes: desde Narvik hasta Tobruk, desde Breda hasta Berlín.

Polonia jugó también un rol importante en obtener la información sobre la ocupación alemana en Polonia, especialmente sobre el exterminio de los judíos, y comunicando al Oeste toda la información recopilada. Una especial heroicidad demostró el oficial [PL: rotmistrz] Witold Pilecki quien en 1940 se dejó capturar para entrar al campo de concentración en Auschwitz e informar desde adentro qué ocurría. Otro personaje importante es Jan Karski quien entró voluntariamente al gueto de Varsovia. Desde allí hizo varios informes sobre la ocupación y el Holocausto que, como mensajero, transmitía al Oeste. En 1943 fue recibido por el presidente Roosevelt, sin embargo, no despertó interés, incluso en los círculos judíos. Más información sobre la reacción del Oeste, mejor dicho, sobre su falta de reacción, se puede encontrar en un artículo citado en las referencias abajo indicadas.

Incluso cuando Polonia no existía como país, el gobierno polaco ejercía desde el exilio en Londres, parecido como las embajadas en algunos países neutrales. Uno de ellos era Suiza, donde un grupo de diplomáticos encabezado por Aleksander Ładoś, diplomático polaco en Berna, producía falsos pasaportes latinoamericanos para los judíos. Los mensajeros los llevaban a muchos países europeos, miles de personas les deben la vida.

En cuanto a la ayuda a los judíos, parece raro que todos los países y personas que no hicieron nada, tienen muchísimas excusas para ello. Durante mucho tiempo los campos de exterminio estaban fuera del alcance de los bombarderos, pero en 1944, durante el exterminio de los judíos húngaros, ya no era así. A pesar de la narración actual, ninguno de los líderes occidentales quería “estar en guerra por los judíos”. En Occidente era común y demasiado fuerte el antisemitismo. Pero era el hambriento campesino polaco, extremadamente agotado por los seis años de la guerra, el que veía en todo su alrededor la muerte, de quién se esperaba salvar el honor de la humanidad. A veces simplemente no tenía fuerzas. Bajo el gobierno alemán cada buena obra podría costar la vida –la propia, la de la familia y la de los vecinos. Y todas estas vidas tienen un valor. Pensando en los judíos, recordemos que cada vida cuenta, All Lives Matter, lo que para cada humanista debería ser obvio.

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.Algunos comparan la ocupación de Polonia con la ocupación de Francia o de otros países occidentales. Estos casos no tienen nada en común. Primero, los alemanes introdujeron una precisa jerarquía de razas. Ellos mismos eran, por supuesto, Herrenvolk, la raza superior. Un poco más abajo se encontraban los escandinavos, también los nórdicos. Los franceses eran bastante buenos, aparte era mejor aprovechar París que destruirlo.  En lo más abajo estaban los judíos, un verdadero desastre, según un popular eslogan alemán de propaganda. Ligeramente más arriba estaban los eslavos: los polacos, ucranianos, rusos. Slawen-Sklaven, eslavos-esclavos, suena parecido. Su mala suerte consistía en que vivían en el terreno que los alemanes querían conquistar para ellos mismos. Lebensraum im Osten, espacio para vivir en el Este. Para conseguirlo, crearon un excelente Generalplan Ost que pintaba una futura tierra manando leche y miel –para los de la raza superior. Para otros no quedaba mucho lugar. De momento, los polacos seguían siendo necesarios para producir alimentos para los alemanes y trabajar en sus fábricas. Pero la vida de un polaco tenía algún valor solo cuando era útil para la raza superior, no tenía ningún valor en sí misma. Los racionamientos de alimentos para las “razas inferiores” eran muy pequeños, se suponía que el hambre iba a eliminar a los individuos más débiles. La muerte ordenada por los alemanes era un castigo típico, tan típico que era hasta común.

A los polacos, por supuesto, se les penalizaba por ayudar a los judíos (incluso por pasarles una rebanada de pan, muchos casos así encontraremos en los archivos que documentan la guerra), pero también por no cumplir con el suministro de la carne de cerdo para los señores alemanes o por tener una radio en la que se escuchaba a Londres y al gobierno polaco en el exilio.

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.Después de la agresión de 1 de septiembre de 1939 los alemanes rápidamente demostraron quién manda aquí, en el terreno de Polonia conquistada. En el marco de Intelligenzaktion asesinaron a 100 000 miembros de la elite política y cultural, queriendo así romper la columna vertebral de la nación. El nuevo Gobernador General alemán les invitó a los catedráticos de la Universidad Jaguelónica a una conferencia sobre los planes alemanes de educación en Polonia. Los catedráticos llegaron al lugar, interesados por la conferencia, y entonces una unidad de SS los metió a los camiones y los llevaron a un campo de concentración. Todas esas acciones (y muchas más) tuvieron lugar poco después de la agresión, excluyeron entonces cualquier esperanza de un acuerdo Alemania-Polonia o de una colaboración formal. Establecer un gobierno polaco no era posible aquí. Estas acciones las observaba atentamente el mariscal Pétain y en 1940 lo llevaron a firmar rápidamente el acuerdo de amnistía y el cese de resistencia. A toda costa quería evitar en Francia una parecida ocupación brutal que cometieron los alemanes en Polonia, a los polacos.

La conquista de Europa (¿del mundo?) era el objetivo principal del Tercer Reich, pero al mismo tiempo su segundo objetivo era el exterminio de los judíos. Las acciones en contra de los judíos tuvieron varias fases. Primero se intensificó la persecución: decomiso de bienes, desalojo a casas peores, al final, el encierro en los guetos. Cuando la conquista de la Unión Soviética paró y resultó que la guerra iba para largo; la producción de alimentos era limitada y la hambruna era trauma originado en la guerra anterior.

Los alemanes haciendo cálculos económicos llegaron a la conclusión que no obtenían ningún provecho de los judíos, entonces había que reducir su número. Ningún país quería acogerlos (desde las conferencias de Évian en 1938 hasta la de Bermudas en 1943 no dieron ningún resultado, los británicos cerraron el acceso a Palestina). La tragedia de los barcos “St. Louis”, “Struma”, o incluso después de la guerra “Éxodo 1947” demuestra que todos querían alejar el problema de sí mismos. La opción de desplazamiento a Madagascar perteneciente a la Francia de Vichy fue imposible por el dominio marítimo británico.

En enero de 1942 en la Conferencia de Wannsee los alemanes decidieron sobre la solución final, es decir, sobre el exterminio de los judíos en los campos de la muerte construidos para ello. Las cámaras de gas y crematorios aseguraron el asesinato eficaz a una escala industrial. Hasta noviembre de 1943 aproximadamente dos millones de judíos fueron asesinados. Luego los judíos que lograron salvarse de la muerte en la fase principal del Holocausto intentaban sobrevivir hasta el fin de la guerra. Desde el Este venía el Ejército Rojo que liberó el oriente de Polonia en el verano de 1944 y el oeste hasta enero de 1945. Para los que sobrevivieron eso significaba uno o dos inviernos muy duros, imposibles para sobrevivir sin ayuda de los polacos que también luchaban por sobrevivir.

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.Hay distintas teorías para explicar por qué el territorio de Polonia conquistada fue elegido como lugar de los campos de la muerte. En mi opinión la razón es simple. Allí vivía la más numerosa población de los judíos y transportarlos a otro lugar no tendría sentido. La estructura del país polaco fue completamente quemada, destruida y reemplazada por la administración colonial alemana. Partes de Polonia fueron directamente incorporadas a la Gran Alemania (como las cercanías de Auschwitz), el resto (Gobierno General) fue dirigido por el gobernador alemán Hans Frank desde el castillo de los reyes polacos en Cracovia, confiscado para ese fin.

El código penal vigente para los polacos y judíos estaba escrito en tres páginas, la palabra muerte aparece en él siete veces.

Polonia ocupada estaba lejos de la vista del Oeste, ante el que los alemanes fingían ser los constructores de una nueva Europa. En Polonia los alemanes podían hacer lo que querían, no preguntando nada a nadie. Sí, los habitantes locales, como mi suegra que vivía a 20 km de Auschwitz [PL: Oświęcim] en Chrzanów sentían un característico dulce olor de los cuerpos quemados, pero eran tratados como ganado e igual iban a ser asesinados próximamente. Recordaré al lector, el mundo no reaccionó a las voces de los polacos, del oficial Pilecki, Jan Karski,. El mundo sabía, pero no dijo nada.

Los polacos ayudaban. La población judía no fue homogénea y eso ayudaba o dificultaba las posibilidades de salvarlos. Por un lado había judíos asimilados, como Władysław Szpilman, el Pianista de Polański quien tocaba Chopin en la Radio Polaca. Por otro,  había los judíos de un pueblo provincial judío, con las barbas y mechones de los lados, como del Violinista en el tejado. Ni siquiera hablaban polaco, sino yidis.

Los judíos asimilados podían intentar vivir entre los polacos, teniendo documentos falsos –siempre que su aspecto físico no los delatara, así fue desde el principio, incluso sin pasar al gueto. No obstante, la mayoría vivía en los guetos donde durante un tiempo era relativamente seguro, pero vivían en un ambiente especialmente atestado. En los guetos había muchas diferencias sociales –algunos judíos iban a las cafeterías elegantes (en una de ellas tocaba el Pianista de Polański), otros se morían de hambre. Algunos simplemente contrabandeaban los alimentos para sobrevivir, otros hacían grandes negocios. Lo importante es que no tenían contacto directo con la población polaca, el orden lo aseguraba la policía judía. La salida era penalizada (por supuesto, con la pena de muerte), igual pasaba con los polacos con los que se ponían en contacto. Cuando en los años 1942-1943 liquidaron los guetos y empezaron los asesinatos en masa, algunos intentaron huir, encontrar amigos polacos o refugiarse en los bosques.

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.¿Recordáis la historia con la que empecé este relato? Esa mujer joven de la escena inicial, cuando llegó a su casa una judía que buscaba refugio, era mi madre.

Vivía con su padre en Tarnów, en 1942 tenía 23 años. En el barrio judío vivía Frieda, una judía que después de la invasión alemana en Checoslovaquia huyó a Polonia. A principios de la guerra, cuando el contacto de los polacos con los judíos aún eran posibles, conoció a mi mamá. Le daba clases de inglés, frecuentemente usando una palabra checa opakovat! (repetir). Se hicieron amigas. Después de que cerraron el gueto, mi mamá contrabandeó Frieda al lado ario y finalmente la acogió en su casa, donde se mantenía desde el verano de 1942 hasta enero de 1945. Quiere decir –aprox. 1000 días.

Cada día era como balancear en una cuerda sobre las cataratas de Niagara. Un mal paso, luz encendida, llanto, cualquier error –y se acabó. Aparte de la heroicidad eso exigía una perseverancia. Compartir entre tres las raciones de pan para dos. Muchas veces el factor olvidado es la presencia constante de tantas personas en un espacio pequeño en tiempo tan largo como el viaje al Marte. El colapso mental causado por un miedo constante y por la claustrofobia era un problema común.

Ahora sabemos que eso duró 1000 días. Pero en 1942 no se conocía ni siquiera el resultado de la guerra, no mencionando el tiempo que esta iba a durar. Básicamente era una decisión por tiempo indefinido, con la opción de morir juntos.

Mamá, abuelo y Frida, poco después de la guerra.

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.Muchas veces leemos sobre siete mil héroes polacos que ayudaron a los judíos. Implícitamente: los demás polacos era gente mala que ayudaba a los alemanes. Primero, los Justos –polacos que ayudaban a los judíos– son solo casos registrados, la punta del iceberg. La condición, difícil, era sobrevivir y establecer contacto después de la guerra. Era el judío salvado quién tenía que notificarlo a Yad Vashem, pero,  ¿lo hizo, cuando encontró una nueva vida en algún lugar en América? Durante la guerra la gente no intercambiaba tarjetas, era mejor no saber demasiado.

No es verdad que la mayoría de los polacos se pusiera en contra de los judíos. Solo hagamos cálculo: si así fuera la mitad de los polacos, la probabilidad de supervivencia en un encuentro sería de ½, de dos ¼ , de tres 1/8 ,  de diez 1/1024 = 0,1%, etc. Al final el Justo y su judío no tendrían ninguna posibilidad de supervivencia. Una denuncia a la Gestapo, escrita en un par de minutos, sería mortal. No se puede mantener tanto tiempo un secreto, y los rumores corren rápido. No obstante, muchos judíos sobrevivieron, también porque la probabilidad de encontrar un buen polaco era mucho mayor.

Mi mamá me contó que una vez Frieda se sentía demasiado segura y libremente caminaba por la casa. De repente entró su vecina y la vio. Después habló con mi mamá, sugiriendo un rescate. Mi mamá le respondió bastante fuerte que conoce a gente que se ocupaba de casos así –tenía contactos con Armia Krajowa [PL: Ejército Nacional] que fusilaba a los que denunciaban ante los alemanes. La cuestión se acabó. Pero la información corrió. Sin embargo, no pasó nada. Eso demuestra, primero, que la amenaza era fiable y –lo más importante– que durante todo ese tiempo ni una persona lo denunció ante los alemanes. Mi existencia es una prueba de ello.

¿Y después? Esa amistad perduró hasta la muerte de ambas. Mi mamá recibió su medalla de Yad Vashem en la embajada de Israel en Londres en 1977. Frieda vivía allí con su hermana y su cuñado, su propio esposo fue asesinado en Aushwitz. Ella era la tía Frieda de Londres quien durante mi juventud me mandaba los modelos de Spitfire i Hurricane para armar.

Medalla de “Justo de las Naciones“.
Entrega de la medalla, embajada de Israel en Londres, 1977.

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.Con frecuencia nos centramos en grandes decisiones, pero la vida consiste de una serie de eventos menores, pero significativos. Bronisław Erlich, judío polaco, en aquel entonces un hombre joven, en su libro relata sus aventuras de la guerra. Teniendo un aspecto poco judío, intentó sobrevivir con los documentos polacos. Un día, caminando, fue capturado por una patrulla alemana y llevado a la comisaría. El oficial llegó y, no sabiendo qué hacer, dijo a los soldados: “¡Llévenlo a la Gestapo en la ciudad!”. Allí servía una polaca, entendió la situación, abrazó al policía y le dijo: “Hans, déjalo ir, el solo quiere regresar a casa”. El oficial aceptó. Obviamente nadie habló sobre la situación, ni la aclaró, el acuerdo se produjo sin palabras. La vida del Sr. Bronisław otra vez fue salvada.

Esos pequeños eventos no están registrados en ningún lado, pero son decisivos. Cada uno de ellos era como un juego con la suerte en la ruleta rusa. Si la gran mayoría de los polacos no hubiera estado dispuesta a ayudar, la probabilidad de ganar todos esos juegos de supervivencia durante seis años sería casi nula. Sin embargo, muchos se salvaron. No obstante, su miedo era muy real, un juego perdido significaba muerte. No sorprende pues que muchos recuerdan principalmente ese miedo y todos los cercanos que fueron asesinados, y no la ayuda recibida.

La amenaza alemana de la pena de muerte era muy real. Es por ejemplo el caso de la familia Ulma –uno de muchos parecidos– del pueblo Markowa en el sudeste de Polonia. Durante años ayudaron a los judíos, en 1944 acogían en su casa a dos familias, en total ocho personas. Sabían cuál era el riesgo. Eran personas buenas y valientes. También Buenos cristianos –en su Biblia la parábola del buen samaritano estaba subrayada en rojo. Y dieron un testimonio final de su fe. Un día les denunciaron, llegaron los alemanes, primero mataron a todos los judíos, después a Józef Ulma, su esposa Wiktoria en etapa tardía de embarazo, y después de un momento de reflexión –a sus seis hijos (edades de 1,5 a 8 años). Todo eso pasó enfrente de los ojos de otros polacos, mandándoles un claro mensaje. Todos sabían: al día siguiente eso me puede pasar a mí, sin clemencia. Vida por vida –ese no era un juego de los caballeros. Si dabas refugio a un judío, un vecino despavorido podría denunciarte. Si los alemanes le capturan a un judío, este podría, después de las torturas y engañado por falsas promesas, indicar a todos los que le ayudaron: muerte para ellos, muerte para él. Las obligaciones morales se pueden analizar en el seminario de ética, pero ante una unidad de SS con una ametralladora apuntando hacia ti, ganan los instintos biológicos.

Las decisiones morales en este caso son extremas. Pero hablando de ellas, tenemos que recordar los alemanes quienes las crearon. Leyes crueles con una moralidad reversa. Quién ahora, durante la guerra, obedece la ley, después será llamado un criminal. Quien la infringe, después será llamado un héroe. Muchas veces –un héroe muerto.

Actualmente se está llevando a cabo una gran discusión, ¿qué fue lo que realmente pasó?, ¿qué había que hacer? Salvar tu propia vida es un delito de colaboración o solo el instinto de supervivencia? Si las víctimas de Hitler discuten enconadamente quién sufrió más y quién era el  malvado bandido, el culpable solo puede reírse desde su tumba.

No le demos a Hitler esa victoria final, por favor.

Mamá y Frieda. Amistad para toda la vida, vacaciones en Polonia.

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.Ahora que sabemos todo eso, ¿somos más fuertes? Lo dudo. Al final siempre se trata de mi propia vida y mi propia muerte. Imaginémonos: estás en un autobús, un par de hombres ataca a un pasajero, quieren quitarle su smartphone, le pegan. ¿Qué hacer? Puedes fingir que no lo ves, llamarles atención o intentar detenerlos de forma activa. Son tres hombres jóvenes, fuertes, y a tu lado está sentada tu hija y tu mujer embarazada. Quisieras actuar como un héroe. ¿Lo haces? Probablemente miras a tu familia, los llevas contigo y sales del autobús en la próxima parada.

Pero igual sería solo un pequeño acto de la valentía. Un verdadero examen sería asumir un riesgo durante un largo tiempo, por un desconocido, estando tú mismo en peligro. Por suerte, es difícil simularlo aquí y ahora. Dudo si muchos serían héroes. La sociedad actual está enfocada en el entretenimiento, palabras tales como un deber o responsabilidad suenan anticuadas. En la esfera pública dominan los jóvenes, sanos, guapos y exitosos. ¿Quién aún está dispuesto a prometer una fidelidad en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe?

Si miramos la pandemia de ahora vemos qué nerviosa es la gente ya después de un año. La resistencia contra el ocupante o contra otro peligro existencial necesita una acción coordinada de toda la sociedad, porque basta con un par de personas estorbantes para que todo el esfuerzo común sea en vano. Es necesaria una columna vertebral moral fuerte. Seguir el ejemplo de buen samaritano –así como la familia Ulma– va en contra de la lógica, exige algo más. Andar con los posters invitando a otros que hagan algo es fácil, pero arriesgar tu propia vida, salud y propiedad ya no lo es. Muchos tratan la heroicidad de aquellos tiempos como algo obvio, critican que se hizo demasiado poco. Pero hoy cada caso así sería de valor de un Premio Nobel de la Paz.

¿Actos así siguen ocurriendo? No lo sé. Temo que en las sociedades de hoy todos huyan, más bien, intentando salvarse. Tal vez soy demasiado pesimista. Podemos tener también una esperanza de que nada parecido vuelva a ocurrir. Tengamos esa esperanza.

Jan Śliwa

Materiales adicionales:

“Ukryty Holocaust. Zagłada w dokumentach zwycięzców”

“Hidden Holocaust”

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Kwoczyński Stanisław y Śliwowa Alina (Kwoczyńska) en la base de datos de Yad Vashem:

https://righteous.yadvashem.org/?searchType=righteous_only&language=en&itemId=4015952&ind=0

Libros:

Nechama Tec “When Light Pierced the Darkness: Christian Rescue of Jews in Nazi-Occupied Poland”

Martin Winstone “The Dark Heart of Hitler’s Europe: Nazi Rule in Poland under the General Government”

Bronisław Erlich “Ein Überlebender berichtet”

Gabriel Berger “Der Kutscher und der Gestapo-Mann. Berichte jüdischer Augenzeugen der NS-Herrschaft im besetzten Polen in der Region Tarnów”

Material protegido por los derechos de autor. Queda prohibida su distribución salvo permiso explícito de la editorial. 12/03/2021

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