Karol NAWROCKI: Lucharon por otras personas, murieron por Polonia

Lucharon por otras personas, murieron por Polonia

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Karol NAWROCKI

Presidente del Instituto de la Memoria Nacional.

Ryc. Fabien Clairefond

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Hace 80 años, soldados polacos conquistaron Monte Cassino. Lejos de sus lugares de origen, lucharon “por nuestra libertad y la vuestra”

.Se trata de una de las imágenes más icónicas de la Segunda Guerra Mundial. Seis marines estadounidenses levantan la bandera nacional en lo alto del monte Suribachi. Es el 23 de febrero de 1945, el quinto día de la batalla por Iwo Jima, una isla japonesa estratégicamente situada en el Océano Pacífico. Solo dos días después, la fotografía de Joe Rosenthal aparecerá en la portada del New York Times. En las próximas décadas, se convertirá un símbolo de la valentía, el coraje y el sacrificio de los soldados estadounidenses.

Los archivos del Instituto de la Memoria Nacional conservan una fotografía cuyo significado no es menos simbólico. Soldados del 2.o Cuerpo Polaco sujetan la bandera nacional rojiblanca en las ruinas del monasterio de Monte Cassino. Es el 18 de mayo de 1944. Después de cuatro meses, una de las batallas más encarnizadas de la Segunda Guerra Mundial llega a su fin, abriendo el camino para que los Aliados tomen Roma. “En la historia de la Segunda Guerra Mundial, Monte Cassino se convirtió en un testimonio del esfuerzo del soldado polaco” – diría más tarde el papa Juan Pablo II.

Rutas de esperanza

.Para este soldado fue un largo camino hasta el frente italiano. Comenzó en septiembre de 1939, cuando Polonia fue víctima de sus dos poderosos vecinos: primero el Reich alemán y, poco después, la Unión Soviética. Los regímenes totalitarios acabaron con la feroz resistencia del Ejército Polaco y acordaron el reparto de los territorios polacos, cumpliendo el protocolo secreto del pacto de agosto de Adolf Hitler y Iósif Stalin. Para la población agredida a ambos lados de la nueva frontera germano-soviética sobrevino una época de terror. Allí donde llegaba, el poder de la esvástica era sinónimo de redadas en las calles, ejecuciones públicas y encubiertas, deportaciones a campos de concentración y de exterminio. Bajo el signo de la estrella roja, los polacos se enfrentaron a detenciones masivas y deportaciones a lo más profundo de la URSS. A ello se sumaron los terribles crímenes de Katyń. En la primavera de 1940, funcionarios del NKWD, aplicando una decisión tomada por las más altas autoridades del Estado y del Partido Comunista, asesinaron sin oportunidad de juicio alguno a un mínimo de 21 768 ciudadanos polacos: soldados prisioneros de guerra y presos considerados “enemigos del poder soviético”.

El objetivo de ambos ocupantes estaba claro en aquel momento: borrar definitivamente a Polonia del mapa de Europa. Pero la derrota de septiembre no hizo sino reforzar el gen polaco de la libertad. El país seguía luchando contra la Wehrmacht y el Ejército Rojo cuando el general Władysław Sikorski asumió el cargo de primer ministro de la República Polaca en el exilio en París el 30 de septiembre de 1939. Casi simultáneamente, como comandante en jefe, Sikorski se dedicó a la creación de un ejército polaco regular en el exilio, y en la Polonia ocupada estableció una organización armada clandestina: la Unión de Lucha Armada, que más tarde se transformó en el Ejército Nacional. “Polonia [todavía] participa en la guerra como aliada de Francia y Gran Bretaña […]. Este es el camino que recorremos, convencidos de que debe conducirnos a la liberación completa de nuestra patria” – escribió Sikorski en una proclama emitida en sus primeras semanas en el cargo.

En la primavera de 1940, se había formado en Occidente un ejército de varias decenas de miles de soldados. Estaba constituido por emigrantes polacos de la región, pero también por numerosos soldados de la Campaña de Septiembre de 1939 que consiguieron llegar a Francia a través de Hungría, Rumanía y otros países. En aquel difícil año de 1940, cuando la guerra relámpago de la Wehrmacht celebraba grandes triunfos, los soldados polacos lucharon contra los alemanes en la defensa de Noruega, en la campaña de Francia y en la victoriosa batalla de Inglaterra. En este último enfrentamiento los pilotos polacos del Escuadrón 303 y de otros destacamentos adquirieron gran trascendencia.

Tras la invasión alemana de la URSS, los polacos que habían sufrido la represión en la Unión Soviética se acogieron a una “amnistía”. Stalin aceptó la creación de un ejército polaco que luchara junto al Ejército Rojo contra la Wehrmacht. Este ejército lo componían candidatos liberados de prisiones, gulags y lugares de deportación, desnutridos, a veces en harapos, pero felices de que se les hubiera abierto una oportunidad de salir del infierno. “El corazón me dio un vuelco al mirar a esa gente menesterosa y en el fondo de mi alma apareció la duda de si sería posible formar un ejército con ellos, y si serían capaces de soportar las penurias de la guerra que les esperaban” – recordaba más tarde el general Władysław Anders. Él mismo había estado en el pasado en las prisiones soviéticas. En agosto de 1941, fue liberado y nombrado comandante del Ejército Polaco en la URSS.

Pronto se hizo evidente que, en la Unión Soviética, los soldados polacos no podían contar con un armamento adecuado, ni siquiera con una buena alimentación. Finalmente, el ejército de Anders fue evacuado a Irán en 1942. Se desplazaron en esta evacuación aproximadamente 78 500 soldados y 37 000 civiles (entre ellos muchos niños). Estos últimos se dispersaron después por todo el mundo, encontrando refugio en las colonias británicas de África, pero también en México y Nueva Zelanda, entre otros lugares. Los soldados, a su vez, llegaron a Palestina. Allí se les unieron compañeros de la Brigada Independiente de Fusileros de los Cárpatos, que había defendido con éxito Tobruk contra las tropas de Erwin Rommel.

Días de gloria

.A finales de 1943-1944, los soldados de Anders, ya como 2.o Cuerpo Polaco, fueron transportados a Italia. En los meses anteriores, las fuerzas aliadas habían ocupado rápidamente Sicilia y el sur de la península itálica, pero posteriormente se quedaron atascadas en un difícil terreno montañoso. Los alemanes se defendían con éxito en la Línea Gustav, con una posición clave en la colina de Monte Cassino. Tres asaltos aliados en este lugar habían fracasado.

En esta situación, la misión de capturar Monte Cassino fue encomendada a Anders por los británicos. “La tarea que nos ha sido encomendada hará famoso en todo el mundo el nombre de soldado polaco” – escribió en una orden a sus soldados. El primer ataque se lanzó la noche del 11 al 12 de mayo de 1944, seguido unos días más tarde por otro, esta vez victorioso. “Se han producido dramáticos enfrentamientos cuerpo a cuerpo. […] Los polacos han logrado una hazaña casi imposible” – informaba el diario británico “Daily Telegraph”.

Tras la toma de Monte Cassino, los soldados del 2.o Cuerpo Polaco liberaron Ancona y Bolonia, entre otras localizaciones, lo que fue celebrado en todas partes por la población local. Al mismo tiempo, en el frente occidental, la gloriosa ruta desde Normandía, a través de Bélgica y los Países Bajos, hasta Wilhelmshaven, en Alemania, fue tomada por la 1.a División Blindada del general Stanisław Maczek. Los pilotos polacos participaron en los bombardeos del Reich, y los marinos polacos en la protección de convoyes en el Atlántico y el Mediterráneo. Todos creían que luchaban “por nuestra libertad y la vuestra”. Que al ayudar a liberar a Europa de la tiranía alemana, trabajan también por el retorno de una patria independiente y democrática.

Homenajes que llegan tarde

.La mayoría de ellos no vivieron para ver una Polonia así. Tras la Segunda Guerra Mundial, el país se encontró en la esfera de influencia de la Unión Soviética. El gobierno comunista de Varsovia, instalado mediante las bayonetas del Ejército Rojo, privó de la ciudadanía a los generales Anders y Maczek, que habían permanecido en el exilio. Sus soldados que regresaron a casa se enfrentaron en muchos casos a la prisión en terribles condiciones o incluso a penas de muerte. Héroes de guerra, que en cualquier país normal habrían recibido los más altos honores, fueron denigrados y borrados de las páginas de la historia. El régimen rojo temía, con razón, su independencia y su carisma.

Hoy, en una Polonia libre, les rendimos un homenaje que llega tarde. El Instituto de la Memoria Nacional está llevando a cabo un amplio proyecto que lleva por nombre “Szlaki Nadziei. Odyseja Wolności” [“Senderos de Esperanza. Odisea de Libertad”] cuyo fin es conmemorar los esfuerzos de las Fuerzas Armadas Polacas durante la Segunda Guerra Mundial y el exilio errante de la población civil polaca de la época. Toda Europa les debe también un recuerdo de agradecimiento.

Karol Nawrocki

Material protegido por los derechos de autor. Queda prohibida su distribución salvo permiso explícito de la editorial. 17/05/2024